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Conoce a Ricarda Tomás

Crecer con fe, trabajo y una oportunidad.
15 de octubre de 2025 por
FDH Guatemala, FDH Guatemala

En el Cantón La Reforma, San Nicolás, Chiantla, Huehuetenango, vive Ricarda Tomás García, una mujer de 38 años cuyo corazón está lleno de esperanza. 

De niña soñaba con estudiar, pero la vida le pidió madurar antes de tiempo. A los doce años dejó la escuela para trabajar junto a sus padres en el campo. No por falta de ganas, sino porque el dinero no alcanzaba. “Había que ayudar a mis hermanos”, recuerda. Así, entre surcos y semillas, aprendió que el esfuerzo también puede ser una forma de amor. 

Con el tiempo, formó su propia familia. Su esposo, también agricultor, compartía con ella el mismo sueño: que sus hijos tuvieran una vida mejor. Juntos criaron a ocho integrantes, una familia grande y unida, sostenida por el trabajo y la fe. Pero los desafíos crecieron junto con sus hijos. La agricultura no siempre daba para todo, y Ricarda empezó a buscar nuevas formas de generar ingresos. Con el consejo de algunos familiares, se animó a vender animales —cerdos, ovejas, pollos, vacas— aunque apenas contaba con el dinero para comenzar. 

Su primer paso fue pequeño, pero valiente: dos ovejas y dos cerdos. Cada mercado era una oportunidad, cada venta un avance. Poco a poco, su negocio empezó a florecer.

Fue entonces cuando escuchó hablar de la Fundación para el Desarrollo Humano (FDH). “Me dijeron que ahí ayudaban a las personas que trabajan, a los que necesitan un empujón para seguir adelante”, cuenta. Ricarda se animó, se acercó, y la Fundación confió en ella. Con su primer subsidio, compró cuatro ovejas más. Con el segundo, una vaca. Y con el tercero, un burrito para cargar sus productos, porque en su comunidad los caminos no permiten el paso de vehículos. 

Hoy, Ricarda sigue creciendo. Tiene gallinas, chompipas, y un negocio que sostiene con orgullo. Sus ingresos han mejorado —pasó de 5,000 a 6,500—, logró reducir sus deudas y aumentar sus ahorros. Más que números, son señales de un cambio real en su vida y en la de su familia.

“Estoy agradecida con Dios y con la Fundación”, dice sonriendo. “Por confiar en mí, por darme acceso a oportunidades, y por el apoyo económico que me ha bendecido tanto”.

La historia de Ricarda no es solo una historia de éxito: es la prueba de que cuando alguien cree en ti, puedes transformar tu esfuerzo en un futuro mejor.


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